4 de enero de 2013

La explotación irracional de la agricultura moderna (4ta. parte -Final)


3. LA AGROECOLOGÍA Y LOS LÍMITES DE LA AGRICULTURA INDUSTRIAL.
Altieri desarrolló el resultado de su investigación en diversas obras (entre otras: “Agroecología. Bases científicas para una agricultura sustentable” –en colaboración-; “El potencial de la agroecología para combatir el hambre en el mundo en desarrollo” –en colaboración-; “Biotecnología agrícola: mitos, riesgos ambientales y alternativas”; y “Agroecología. Teoría y práctica para una agricultura sustentable” –en coautoría con Clara Nicholls).
Tomando la última referencia, se advierten claras y fuertes conexiones con los presupuestos de la teoría agrobiológica, renovando sus postulados, para dotar al Derecho Agrario de una flamante herramienta que le permita pensar las realidades actuales a la altura de los nuevos criterios. Tomaremos dos capítulos de aquel trabajo.

A) Impactos ecológicos de la agricultura moderna.
Enumeran los autores los siguientes:
· Expansión del monocultivo.
· Sistemas agrícolas no integrados.
· Ciclos abiertos de nutrientes, energía, agua y desechos.
· Expansión de cultivos más allá de su espacio natural.
· “Desfile de cultivos” (permanente reemplazo de variedades).
Nos centraremos en el primero y cuarto. Altieri-Nicholls afirman que la tecnología permitió la expansión del monocultivo (básicamente la mecanización, el mejoramiento genético de variedades y el auge de agroquímicos). El problema ambiental lo ubican en que la estabilidad de la agricultura está asentada en la continua introducción de nuevas variedades, en vez de depender de la diversidad genética compuesta de nuevas variedades sembradas en la misma finca. Aquí advierten que el monocultivo acelera la evolución de supermalezas e insectos resistentes a plaguicidas, y hace caer el número de fincas, incrementando la superficie de las que quedan.
Respecto al avance sobre áreas no naturales, apuntan a zonas con alto potencial de plagas o de baja fertilidad de suelo, situaciones que exigen un mayor “control químico”; la crítica a la agricultura moderna se apoya en la idea de sostenibilidad indefinida de los insumos energéticos, que se confronta con la actual tesis de la finitud de todos los recursos naturales –es una derivación concreta del principio de sustentabilidad-, y el criterio de Ringuelet de abordar la actividad desde la ecología. También la ley 26.331 tiene incidencia en el punto, al enumerar como primer objetivo regular la expansión de la frontera agropecuaria. Debemos ser justos y no quedarnos en el proceso de sojización como la única expansión descontrolada, básicamente, hacia el norte del país, puesto que el bosque nativo viene siendo eliminado desde hace más de una centuria (Barsky-Dávila).

B) Los mitos de la biotecnología agrícola.
En la página 125 los autores expresan: “En general, la mayor parte de los que proponen la agricultura sustentable, condicionados por un determinismo tecnológico, carecen de un entendimiento de las raíces estructurales de la degradación ambiental ligada a la agricultura capitalista. Por lo tanto, al aceptar la actual estructura socioeconómica y política de la agricultura como algo establecido, muchos profesionales del agro se han visto limitados para implementar una agricultura alternativa que realmente desafíe tal estructura (Levins y Lewontin, 1985). Esto es preocupante, especialmente hoy que las motivaciones económicas, más que las preocupaciones sobre el medio ambiente, determinan el tipo de investigación y las modalidades de producción agrícola que prevalecen en todo el mundo (Busch et al., 1990)”.
Las consecuencias de tal aserto deben llamar la atención a quienes ven en un lote sólo un cuadrante generador de granos, una máquina que debe producir cada día más. En eso se ha convertido la biotecnología, en un lente que ve deficiencias genéticas (productivas) en los organismos.
La biotecnología favorecerá a los hambrientos. Falso: las compañías biotecnológicas enfatizan el monocultivo, porque apuntan a mercados grandes y seguros.
La biotecnología conservará la biodiversidad. Falso: el monocultivo genera homogeneidad genética, que culmina en condicionamientos a la sustentabilidad de los sistemas agrícolas tradicionales.
La biotecnología beneficiará a todos los sectores. Falso: la demanda de biotecnología no surgió de demandas sociales sino de un régimen específico de patentes cuyo interés es el lucro.
La biotecnología hará nacer una agricultura libre de agroquímicos. En verdad, “La biotecnología se está desarrollando para «resolver» los problemas causados por las anteriores tecnologías con agroquímicos (resistencia a los plaguicidas, contaminación, degradación del suelo, etc.), los cuales fueron promovidos por las mismas compañías que ahora son líderes de la biorrevolución. Los cultivos transgénicos desarrollados para el control de plagas siguen fielmente el paradigma de los plaguicidas de usar un sólo mecanismo de control que ha fallado una y otra vez con insectos, patógenos y malezas (NRC, 1996)”. La jurisprudencia nacional registra el caso “Chañar Bonito c/ Municipalidad de Mendiolaza s/ Amparo” (Sup. Tribunal de Córdoba, 18/09/07), en el cual se discutió la constitucionalidad de prohibir el uso de todo agroquímico mediante una ordenanza municipal. En otro lugar anotamos la sentencia, criticando su enfoque excesivamente administrativo al anularla. La Cámara había encuadrado la situación como de típico cuño ambiental. Ambos fallos no merecieron ninguna línea en los suplementos especializados de Clarín y La Nación. Gustavo J. Apesteguía

NOTAS PUBLICADAS