1. EL “CICLO BIOLÓGICO” Y LA “CUESTIÓN AMBIENTAL” EN EL DERECHO AGRARIO (continuación).
Planteaba Carrozza en 1981 una situación de Italia, perfectamente extrapolable al mundo agrícola actual en cuanto a la idea general de la inocuidad o no de la producción agropecuaria. Se refería a la legislación de contaminación de aguas: “El objeto de tal infeliz idea de asimilar una hacienda agrícola a una casa o a un grupo de casas de habitación civil es aquél, en sí del todo plausible, de concederle un tratamiento de favor en la aplicación de las medidas anticontaminación, sustrayéndola al régimen más riguroso gravante sobre las instalaciones productivas; pero resulta que la equiparación es absolutamente injustificada cuando el potencial contaminante de la hacienda agrícola resulta igual o superior al de una instalación productiva por antonomasia (una hacienda industrial)”. Es coherente dicho pasaje con otros del propio autor, quien luego precisó que a la vieja exigencia de algunas normas de “cultivar” (no abandonar los terrenos) siguió la cláusula general de la “buena técnica agraria” (hoy, buenas prácticas agrícolas), que reubica las obligaciones del empresario agropecuario: antes las tenía respecto a la otra parte del contrato y con el Estado; ahora también con la sociedad, en cuya esfera está el ambiente, bien colectivo.
2. LA “CUESTIÓN AMBIENTAL” EN LA PRODUCCIÓN AGROPECUARIA
La gran expansión de la soja en la Argentina puede ser considerada como arquetipo de la revolución verde. Ella será tomada como modelo de los elementos que forman parte de los debates ecológicos en torno a la producción agropecuaria global, dada su articulación con los asuntos que preocupan al VI Congreso Americano de Derecho Agrario (alimentación y ambiente).
Los abogados no debemos tentarnos de incursionar en lo que no nos atañe. Me refiero a discurrir sobre agronomía, ecología, biología y demás disciplinas de estrecha ligazón con la agrariedad, punto a veces dificultoso al momento de enfocar los específicos temas jurídicos del agro. Para apostarnos en un lugar que nos permita tomar la porción de realidad necesaria para su interpretación jurídica sin caer en el abuso de la palabra, vale compartir la doble experiencia de convivir con los problemas que se tratan y de considerar la toma de posición de los actores involucrados en el agro argentino: el campo me circunda, es parte de mi circunstancia, repercute en la economía familiar, y a su vez genera, a través de un amplio espectro de organizaciones, distintas ideas sobre su impacto en el ecosistema. Desde esa línea trazada se pasará revista a los principales discursos emanados de algunos grupos claves en la expansión del monocultivo de soja y el desarrollo biotecnológico.
A) AAPRESID y el rechazo del principio precautorio.
En un extracto de la disertación de Aaron Wildavsky en el Independent Institute (1989), cuya fuente citada es “Ecología: Mitos y Fraudes” de Eduardo Ferreyra, publicado en el Nro. 5 de Revista “Darsecuenta”, 2009, págs. 17/19, puede leerse: “Este Principio de Precaución es el núcleo del ambientalismo que se usa en todas partes- es una falacia en toda su extensión, es una falacia en cada una de sus partes, y puede dejarnos en una condición devastada. Bajo el capitalismo, no hay posibilidad de que tengamos una situación en donde nos quedemos sin recursos; es decir, que tendremos una sociedad sustentable. La única manera en que crearemos un mundo insostenible es si adoptamos al paradigma ecologista”.
Tales afirmaciones chocan de lleno con el más declamado de los principios jurídicos ambientales, el cual coexiste con otros de mismo rango, entre ellos el del desarrollo sustentable. Además la escasamente difundida jurisprudencia ambiental relacionada con impactos negativos al ambiente por causa de actividades agropecuarias (feed lot y agroquímicos, por ejemplo) se basa centralmente en el principio precautorio.
B) Bolsa de Comercio de Rosario: biotecnología como “oportunidad para ganar”.
En su Revista Institucional (Nº 1500, dic. 2006) Pablo Bereciartua, en el artículo titulado “Los clusters de innovación: Biotecnología ¿ventana de oportunidad?”, publicó lo que normalmente se difunde en la prensa especializada: “Las pruebas de campo, en el área de la biotecnología agrícola, se clasifican en cinco categorías: características agronómicas, calidad de productos, tolerancia a herbicidas, resistencia a pesticidas y otros. Mientras que en los 90 una mayoría de las pruebas fueron orientadas a la tolerancia a herbicidas y la resistencia a pesticidas, recientemente se viene desarrollando una “segunda generación” más vinculada con el aumento de la calidad de los productos obtenidos. Esto tiene que ver con un mayor interés en el uso comercial directo de la biotecnología agrícola… La biotecnología es uno de los sectores más dinámicos y con mayor tasa de crecimiento de la economía mundial. La Argentina, por su parte, tiene importantes ventajas comparativas para desarrollar mayor competitividad y lograr insertarse, de manera exitosa y en favorables términos de intercambio, en los mercados globales”.
C) Monsanto: no existen efectos negativos por consumo de alimentos con ingredientes modificados genéticamente.
La empresa norteamericana se apoya en numerosas declaraciones de entidades científicas y corporativas; puede citarse la siguiente: “Este análisis muestra que todas las críticas contra los OMG pueden dejarse de lado en su mayoría en base a criterios científicos sólidos. Además, toda generalización sobre los riesgos potenciales ligados a los OMG es imposible ya que el rigor científico solamente puede procesarse en base un análisis caso por caso” (Academia Francesa de Medicina, “Plantas modificadas genéticamente”, 2002). Gustavo J. Apesteguía